Juego animal
Conducta que un animal repite de forma voluntaria, sin beneficio inmediato y en condiciones de bienestar, y que imita o exagera conductas serias como la caza, la lucha o la huida. Es frecuente en mamíferos y en muchas aves, y se ha descrito también en algunos reptiles y peces (Burghardt, 2005). Su función adaptativa sigue en discusión.
Cómo se reconoce
El etólogo Gordon Burghardt (2005) propuso cinco criterios que deben cumplirse a la vez. La conducta (1) no es del todo funcional en el contexto en que aparece; (2) es voluntaria o gratificante; (3) está modificada respecto de su versión seria, por ejemplo exagerada, incompleta o desordenada; (4) se repite, aunque no de forma idéntica; y (5) la inician animales sanos y relativamente libres de estrés, en un entorno relajado. Los criterios permiten comparar especies muy distintas sin depender de la intuición del observador.
Se suelen distinguir tres tipos: el juego locomotor (correr, saltar, girar), el juego con objetos y el juego social, cuya forma más estudiada es la lucha simulada.
Lucha simulada
En la lucha simulada, los participantes compiten por tocar partes del cuerpo que en una pelea real serían blanco de ataque, pero sin causar daño. Para que el juego continúe, ninguno puede dominar siempre: las ratas jóvenes alternan los papeles de atacante y defensor. Las señales de juego, como la reverencia del perro con las patas delanteras en el suelo, indican que lo que sigue no es una agresión (Bekoff, 1995). Durante el juego y cuando se les hacen cosquillas, las ratas emiten vocalizaciones ultrasónicas de unos 50 kHz, que Jaak Panksepp interpretó como un antecedente evolutivo de la risa (Panksepp y Burgdorf, 2003).
Hipótesis sobre su función
Las explicaciones clásicas ven en el juego un entrenamiento de habilidades motoras y de combate. Marek Špinka, Ruth Newberry y Marc Bekoff (2001) propusieron otra: el juego entrena para lo inesperado. Durante el juego, los animales alternan movimientos controlados con desventajas autoimpuestas —relajar el control, caerse, ponerse en posiciones vulnerables— y practican así la recuperación motora y emocional ante una pérdida súbita de control. Según Sergio y Vivien Pellis, la experiencia repetida de perder y recuperar el control en la lucha simulada de las ratas jóvenes se asocia con una mejor función ejecutiva y con más resiliencia.
Juego con reglas
Reinhold y colaboradores (2019) enseñaron a ratas a jugar al escondite con una persona, tanto en el papel de buscadoras como en el de escondidas. Las ratas aprendieron ambos papeles: guardaban silencio cuando se escondían y vocalizaban al buscar y al encontrar. A veces volvían a esconderse tras ser halladas, lo que alargaba la partida aunque retrasara la recompensa, que eran cosquillas. Neuronas de su corteza prefrontal medial respondían a los eventos del juego y al papel asignado.
Conceptos vecinos
Fuentes
- Wikipedia EN: Play (animal behaviour). (Categoría 1)
- Burghardt, G. M. (2005). The Genesis of Animal Play: Testing the Limits. MIT Press. (Categoría 2)
- Pellis, S. M. y Pellis, V. C. (2017). Play behavior. En Encyclopedia of Animal Cognition and Behavior. Springer. (Categoría 1)
- Špinka, M., Newberry, R. C. y Bekoff, M. (2001). Mammalian play: training for the unexpected. The Quarterly Review of Biology, 76(2), 141-168. (Categoría 2)
- Bekoff, M. (1995). Play signals as punctuation: the structure of social play in canids. Behaviour, 132(5-6), 419-429. (Categoría 2)
- Panksepp, J. y Burgdorf, J. (2003). “Laughing” rats and the evolutionary antecedents of human joy? Physiology & Behavior, 79(3), 533-547. (Categoría 2)
- Reinhold, A. S. et al. (2019). Behavioral and neural correlates of hide-and-seek in rats. Science, 365(6458), 1180-1183. (Categoría 2)